martes, 2 de junio de 2009

Motivo de la anulación del voto: deslegitimización de los representantes

¿Creés que los partidos políticos no son de confianza? ¿Dudas de qué tan demócrata es la democracia de este país? ¿Has llegado a pensar que algunos, sólo algunos, de los que representan a toda la ciudadanía en el gobierno han actuado de maneras poco responsables o incorrectas?

Si alguna de tus respuestas a estas preguntas fue No, no te sientas solo, y si alguna de tus respuestas fue Si, tampoco, puesto que la población que se está preguntando qué hacer este próximo 5 de julio está muy polarizada y se podría decir que una parte de esas población está algo confundida, vale la pena revisar los datos de encuestas sobre la opinión en general de la política y de los que ejercen cargos públicos.

Si bien no se puede encasillar a toda la clase política en un sólo bloque, se puede opinar acerca de los que ejercen el poder y expresar un juicio de valor acerca de ello.

Existe la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas, cuyo link es: http://www.encup.gob.mx/encup/

y existan varios otros, si alguien tiene conocimiento de alguna encuesta o información sobre esto, por favor no dude en publicarla aqui.

Y todavía alguién se pregunta por qué hay que anular el voto?????

Rechaza TEPJF candidaturas ciudadanas

De Anda lamentó la decisión del Tribunal de no entrar al tema

Érika Hernández

Periódico: Reforma

Ciudad de México (2 junio 2009).- La Sala regional del Distrito Federal del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación declaró improcedentes las candidaturas ciudadanas de Elisa De Anda y Parménides Ortiz a diputados federales, por lo que sobreseyó los asuntos.


Los magistrados aseguraron estar imposibilitados de entrar al fondo del asunto, pues existe un pronunciamiento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en octubre de 2008, sobre la improcedencia de candidaturas llamadas independientes, ciudadanas o no partidarias.

En esa declaratoria, indicó el magistrado Roberto Martínez, se establece que no se puede dictar la inaplicación del artículo 218 del Código Federal de Instituciones y Procedimiento Electorales (Cofipe), por lo que se confirma que es exclusivo de los partidos el registro de candidatos.

"La Suprema Corte también ha dicho que, ni en el artículo 218 ni en el 41 constitucional, se hace alusión a las candidaturas independientes, por lo que los consejos distritales que negaron el registro actuaron conforme a derecho", añadió el magistrado Ángel Zarazúa.

Al término de la sesión, De Anda lamentó la decisión del Tribunal de no entrar al tema.

"La única vía que yo tenía me la han cerrado diciendo que no tienen competencia. Hoy tuve una negación de justicia", dijo.

La aspirante a una curul en San Lázaro convocó a los ciudadanos a que el próximo 5 de julio vayan a votar y en el recuadro que aparece en blanco en la boleta pongan el nombre del ciudadano que consideran que sí los puede representar.

"La legislación tiene que cambiar porque hay millones de mexicanos que no nos sentimos representados por un partido político", añadió.

Votar, abstenerse o anular

Alberto Aziz Nassif
Investigador del CIESAS


02 de junio de 2009

En un clima de mucho desencanto ha crecido el fenómeno del desafecto ciudadano por la política y las urnas. No es un fenómeno exclusivo de nuestro país; en América Latina crece la insatisfacción democrática y en las viejas democracias también existen estas expresiones.

En México, la relación de los ciudadanos con las urnas ha sido complicada. Desde finales de los años 80 una de las demandas más importantes de la sociedad fue el respeto al voto. El cambio constante de reglas electorales ha sido, quizá, la estrategia más visible para lograr una democracia electoral y dejar atrás un régimen autoritario. Pero la historia no va en un solo sentido ni siempre corre hacia delante; muchas veces está plagada de regresos, cambios de ruta y desviaciones. En nuestro país hay dos procesos sociales que se han empalmado: por una parte, la transición democrática y la llegada del neoliberalismo; por la otra, la llegada de la alternancia política y el crecimiento de la abstención electoral.

Cada proceso electoral se construye con características singulares y el actual no es la excepción. La memoria nos remite a que 1988 se caracterizó por el fraude, la ruptura del cardenismo, la inauguración de la competencia tripartita, la caída del voto priísta. La de 1994 fue una elección dentro de un clima de miedo, con un altísimo nivel de participación, la ruptura de los límites políticos y una marcada desigualdad en las condiciones de la competencia. En 1997 se estrenaron organismos autónomos, el DF eligió a sus autoridades. El 2000 fue la alternancia presidencial; 2003 fue la elección más cara y abstencionista de la historia y en 2006 regresó el conflicto y hubo una grave polarización política. Una de las novedades más importantes de 2009 es la corriente de opinión que plantea la anulación del voto como una respuesta ciudadana ante el descontento con los partidos políticos.

Una parte importante de la discusión electoral de 2009 se ha centrado en la pregunta de qué hacer frente a las urnas. Tradicionalmente las opciones han sido votar por una opción o abstenerse. Las opciones por el voto tienen diversas lógicas, desde la compatibilidad de proyecto y programas, pasando por la cercanía ideológica, hasta las opciones más pragmáticas que ven hacia el mejor candidato o la opción menos mala. En el 2000 se usó el voto útil para cambiar de partido gobernante. Al final están las opciones del clientelismo, el corporativismo y la compra del sufragio. La abstención tiene también varias expresiones, desde el que nunca pasa por las urnas porque no está convencido de participar, el abstencionista sistemático. Pero también está el ocasional, que no vota por desidia o desinterés, es el ciudadano desconectado de las urnas. Otro grupo es el que lo hace como una expresión pasiva de inconformidad y descontento. La novedad ahora es que se ha formado un movimiento que reivindica el derecho ciudadano de ir a las urnas, pero para anular el voto. No se trata de una abstención pasiva, sino de un ejercicio ciudadano activo y muy razonado. Algunas consignas que circulan son: “yo anularé mi voto”; “tache a todos”; “para políticos nulos, votos nulos”.

Los “anulistas” forman un universo muy heterogéneo de personas que se han desencantado —con razón— de los partidos políticos porque: no ven diferencias importantes en la forma de enfrentar problemas de corrupción y de impunidad; porque les parece que hay abusos de poder y excesos en el uso de los recursos públicos; porque hay una desvinculación entre las élites dirigentes y la ciudadanía; porque la rendición de cuentas es muy débil; porque la eficacia para gobernar deja mucho que desear; porque la labor legislativa representa mayoritariamente los intereses particulares de los grupos de poder. Se trata de un abanico de inconformidades cada vez más amplio que se ha agudizado con las múltiples crisis por las que atraviesa el país. Una medición reciente ubica en 10% a este sector que está por la anulación (Reforma, 29/V/2009). Si a ello le sumamos que la participación estará en un rango que sólo llegará a 30% o 35%, algo grave sucede en nuestro sistema político.

Las diferentes opciones tienen supuestos compartidos, como la importancia de los partidos para la democracia o la relevancia del voto libre como una conquista reciente en nuestro país. Pero también hay diferencias sobre la eficacia en las estrategias. Los que dicen que es mejor votar indican que su voto decidirá la conformación del gobierno, y los abstencionistas y los “anulistas” dejarán en manos de otros la decisión. En cambio, los que quieren anular confían en que se podrá dar una señal, una llamada de atención a los partidos para que cambien sus rasgos partidocráticos, su autismo político y reconstruyan una representación democrática de calidad. Un resultado es que los altos niveles de abstención y de anulación jugarán contra la legitimidad de los candidatos electos. En suma, 2009 se caracterizará por ser una elección en la que una parte importante del voto se anule, como un instrumento legítimo y democrático. ¿Votar, abstenerse o anular?

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44345.html

La náusea

La náusea

Sergio Aguayo Quezada
saguayo@colmex.mx
Reforma
27 de mayo de 2009

A Germán Dehesa, amigo luminoso.

Porque la corrupción política me provoca una náusea incontrolable, he decidido
anular mi voto. Es una decisión surgida del convencimiento de que estamos ante
una degradación política sistémica.

Los teóricos de la transición difieren sobre el momento en el cual los partidos
políticos adquieren protagonismo. Ninguno disputa el hecho de que son
instituciones fundamentales para el andamiaje democrático; recogen los deseos y
aspiraciones de la sociedad para, en caso de llegar al poder, transformarlos en
políticas públicas. En México hay partidos que enarbolan diferentes
combinaciones de ideologías e intereses: no me siento representado por ninguno
de ellos.

La distancia entre partidos y sociedad tiene una historia vieja. Según Todd
Eisenstadt, el régimen fue canalizando los "movimientos de oposición" al
"altamente regulado terreno" de los partidos, las campañas y las elecciones. Es un
diagnóstico acertado; después de cada protesta social, el régimen negociaba con
los partidos y les otorgaba beneficios. El movimiento del 68 y la Guerra Sucia
llevaron a la ley electoral de 1977; tres semanas después de iniciada la rebelión
zapatista de 1994, Carlos Salinas hizo importantes concesiones a los partidos.

Cuando llegaron al poder, los partidos no transformaron las reglas de un sistema
que se resquebrajaba; incorporaron las viejas costumbres, y se transformaron en
un oligopolio que monopoliza los accesos a la vida pública. Las prerrogativas
públicas (en constante crecimiento) se han utilizado para cortejar a un electorado
pobre, adicto a los regalos; para firmar onerosos "convenios de publicidad" con
los medios de comunicación y para alimentar una burocracia partidista decidida a
reservarse esos cargos públicos con salarios extravagantes y exigencias mínimas.

El 24 de diciembre de 1992, Raúl Salinas le envió una tarjeta a Luis Donaldo
Colosio. En ella le decía que "Las puertas de la Presidencia de la República se
abren desde adentro, no desde afuera". Según una información no desmentida,
Raúl estaba molesto porque Colosio no "jalaba" en sus negocios. Un indicador
era que Colosio iba poco a unas comidas organizadas cada cuatro o seis semanas
y a las cuales concurrían empresarios y políticos como Carlos Hank González,
Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones. Colosio iba porque el presidente
Carlos Salinas se lo había pedido, pero le molestaba hacerlo: "yo no sé a qué
chingados voy a esas comidas si lo único que se habla es de puros negocios"
(César Romero Jacobo, Reforma, 14 de abril de 1997).


El incidente es una metáfora de lo poco que ha cambiado la política en México.
El lugar del Presidente ha sido tomado por los partidos que siguen abriendo la
puerta de la vida pública "desde adentro". En la política sigue habiendo gente
decente que, como Colosio, se resiste a entrarle a la corrupción sistémica, pero la
inercia es poderosísima y, hasta ahora, los reformadores han sido incapaces de
romper la cerrada alianza entre las élites políticas y económicas. La confirmación
de la impunidad estaría en que nunca se investigaron los negocios urdidos en
aquellas comidas de los jueves, y ningún partido ha renunciado a las
prerrogativas públicas ni ha intentado disminuirlas. Tampoco han encabezado,
como gobierno, una cruzada creíble contra la corrupción.

Las instituciones que deberían contener los excesos siguen poniendo como
prioridad la defensa de sus intereses. El Comité Conciudadano que preside Clara
Jusidman, y del cual formo parte, presentó el 21 de mayo un informe sobre el
Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Con la evidencia en la
mano concluyó que el Tribunal Electoral "no aplica criterios homogéneos", "no
contribuye a generar confianza en los ciudadanos" y, en suma, "no protege los
intereses de la ciudadanía". También confirmó el sometimiento del tribunal
presidido por María del Carmen Alanís a los intereses de las televisoras. Si
recordamos el vasallaje de algunos consejeros del Instituto Federal Electoral a los
poderes fácticos, tendremos una idea de la indefensión en que nos encontramos.

Esta lectura de la realidad podrá parecer excesivamente pesimista. Creo, sin
embargo, que si deseamos que las instituciones funcionen en beneficio de las
mayorías, debemos involucrarnos en la vida pública para apoyar a quienes
buscan, desde las entrañas de partidos y gobiernos, poner un freno a la
corrupción sistémica.

Ni los partidos ni los árbitros electorales son capaces, como instituciones, de
reformarse a sí mismos; iría en contra de sus intereses. Cualquier cambio
requerirá de la presión social y una forma concreta de enviarles un mensaje de
protesta es con la anulación del voto, lo cual tiene complicaciones e
implicaciones que abordaré la próxima semana.

La espléndida crónica de César Romero Jacobo sobre la tarjeta puede leerse en
mi página: www.sergioaguayo.org. Colaboró para esta columna Laura Ruiz
Castro.

Correo electrónico: saguayo@colmex.mx

Yo anulo mi voto

¡ANULA TU VOTO!

5:24 pm Noticias

Mi voto anulado

Lydia Cacho

La gran mayoría de personas adultas poseedoras de una credencial electoral hemos pasado los últimos dos meses preguntándonos y debatiendo qué hacer con nuestro voto. Las y los políticos por su parte han montado un circo espectacular, la credibilidad de quienes conforman el aparato del Estado ha llegado a su límite y va sin duda alguna hacia una estrepitosa caída. Es por ello que todos los partidos, sin excepción han elegido la mercadotecnia de la fama y el nombre para cooptar votos. Vemos carteles de deportistas, modelos, boxeadores, escritoras, bailarinas, corruptos cantantes de música cristiana, hijos de multimillonarios harineros, jefes de noticias de monopolios televisivos; todos ellos prometiendo honestidad y efectividad. El tratamiento que los partidos nos están dando como sociedad al elegir a sus candidatos es el de imbéciles. El insulto no podía ser mayor. El PRI y el PAN se coluden para ganar a costa de los derechos de las mujeres, el PRI y el PRD se hermanan y venden candidaturas en los estados; el caos es intencional no casual. Las elecciones manipuladas no construyen una democracia, la impiden.

México está viviendo un periodo negro. La delincuencia, dice Ernesto López Portillo, se ha convertido en una forma de vida, se ha masificado el mercado de la ilegalidad. El país celebró el cambio de partido en el poder y ahora entendemos que al desmoronarse el régimen experto en administrar el crimen, la violencia y la ilegalidad, estas se masificaron y quedaron fuera de control.

De la mano de ese hecho político, está el fortalecimiento de políticas que favorecen a los ricos y excluyen a los pobres. El Estado no está capacitado para imponer la ley. Lo que sigue igual que antes es la falta de transparencia en todas las áreas de la vida política. Mientras las y los periodistas arrojamos luz ante la élite en el poder que alimenta la descomposición del país, la sociedad se indigna ante grabaciones, las élites se ríen, las televisoras se coluden con las élites y los partidos nos dicen que vivimos en un sistema político en el cuál mandan las mayorías: una democracia. Si no fuera indigno causaría risa.

En la medida en que los partidos pongan en las cámaras de diputados y senadores a sus operadores, a personas famosas, ignorantes del manejo de los mecanismos del poder y la política, desconocedoras de las leyes y sus vericuetos, las élites corruptas que ahora controlan el poder en el país, tendrán un mayor éxito en su empresa de fortalecer el pacto de impunidad que tiene paralizado al país. El voto forzado a lo “menos peor” es el peor de los votos. Que las buenas escritoras escriban, que los deportistas ganen medallas, que los cantantes canten, que las televisoras engañen desde su propio espacio, pero que no monten el teatro de la democracia.

Por esas razones y otras más yo anularé mi voto con la leyenda ANULO MI VOTO. Aunque no exista la figura jurídica del voto en blanco como en Argentina, aunque los partidos digan que salieron nulos, ellos sabrán muy bien que el mensaje es: no soy tu cómplice, no me engañas, no me usas, esos candidatos no me representan. El abstencionismo es abulia, el voto anulado es una acción ciudadana, un acto de libertad, una rebelión pacífica, un acto de congruencia, un acto de civismo. Si quieres saber cómo entra en:

http://canale.elmandado.com.mx/2009/05/29/%C2%BFanula-tu-voto/

lunes, 1 de junio de 2009

No somos unos, no somos cien, IFE vendido, cuéntanos bien


Dado que este aspira ser un espacio donde todos los que vamos con la misma iniciativa, o de menos my parecida, aqui presentamos un primer mapeo de otros grupos que apoyan esto:

http://yoanularemivoto.blogspot.com

http://anulalos.blogspot.com/

Y he aqui uno de los grupos a los que nos podemos unir para conocernos las caras, nombres, o ponernos en contaco, que hiso uno de los que esta en la iniciativa:

http://www.facebook.com/inbox/readmessage.php?t=1091017150491&f=1&e=0#/group.php?gid=129190180037&ref=ts


Anulados

Fuente: El Economista
Título: Anulados
Autor: Nerilicón